Volar o la Escuela de Vuelo

Volar o Escuela de Vuelo

Lo que amo del periodismo es la estética de las palabras

Dos amigos, uno de 75 años y el otro de 68, se contaban sus sueños, únicamente aquellos en los que podían volar.

Ambos tenían un tercer amigo en común, pero dejaron de caminar con él para hablar de volar cuando les dijo que soñó con volar alguna vez, pero que nunca fue nada serio.

“La primera vez que soñé con algo parecido a volar  fue a traves de los saltos. Saltaba alto y tardaba en caer, soñaba que caminaba por las calles de Eurovillas – mi país – y que saltaba y daba volteretas, luego caía, pero volvía a saltar y me mantenía en el aire, era bonito. Triste también, tenía que aprender a volar”

“Yo soñé que iba a una escuela de vuelo, lo necesitaba porque de pequeño soñaba muchísimas veces que me caía de las altas terrazas de los hoteles, estaba allí y sin querer saltaba al vacío. Justo antes de la muerte me despertaba, y sí, era feliz por seguir vivo, pero esa sensación de volar por un tiempo quería mantenerla, tenía que aprender a volar. Fue así como llegué a esta escuela de vuelo. Recuerdo – habrán pasado ya más de 60 años –  que el lugar era una especie de casa alta y estrecha, con muchos pisos a los que se debía llegar volando, pues no estaban conectados por escaleras ni ascensores. Así se entrenaba, y arriba del todo, al final, había una abertura, muy muy estrecha, por la que salían los que controlaban perfectamente el vuelo. Yo empezé por el primer piso; como tú, daba saltos altos y llegaba, luego me dejaba caer con tranquilidad. Allí nadie te enseñaba, aprendías solo – decían que en el tejado sí que había profesores – y aprendí poco a poco. Era bonito, de forma que al final conseguí salir por la abertura, todo en una noche. Al día siguiente, o no sé cuando, volví a ese lugar, y empezé desde el tejado – estaba arriba, encima -. Ahora tenía que hacerme ágil en el vuelo, pues mi vuelo era torpe, sólo conseguía volar hacia arriba. Los expertos, que en mi sueño eran siete, decían que el vuelo de calidad es aquel que une las características del vuelo de las golondrinas y las gaviotas”.

La gaviota vuela sin más, se deja llevar por el viento, vuela alto, es capaz de bajar veloz. Su vuelo nunca soprenderá a nadie. Su vuelo es pacífico, es tranquilo y blanco.

La golondrina vuela de manera imprevisible, lo hace así para comer insectos, no se puede preveer su dirección, su vuelo es negro, agitado. Violento. Su vuelo es rápido.

“Estos expertos, que eran siete, sí enseñaban sobre el tejado. Les observabas e intentabas hacerlo igual. Recuerdo que la única prueba que llegué a hacer en la Escuela – pues no volví más a ella soñando, fue la siguiente”.

Volabamos encima de una jaula que tenía una pantera negra, la jaula estaba abierta al cielo, pero la pantera – ella – no podía salir porque las paredes eran altas. Nuestra tarea era acercarnos a la pantera, provocarla y conseguir que saliese fuera de un salto, lo cual era posible según los expertos. Así que probé, me acerqué volando poco a poco y me vio. (Era increible lo que había mejorado en esa noche de sueño, controlaba cada movimeinto casi a la perfección). Me acerqué y la provoqué, tanto que tras un minuto conseguí que la pantera saliese de la jaula.

Fue cuando aprendí algo importante: aquellos que no sabían volar bien fueron devorados por la pantera.

“Yo me mantení sobre ella y ellos observando la escena. Envidiaba a los expertos, volaban muy bien y lo hacían grupo, yo intentaba seguirlos, pero me era imposible, volaba mal y quería mejorar todavía más, quería volar como se vuela”.

No quería volver a escuchar: Hoy tampoco se vuela. Esta frase me obsesionaba. Me despertaba cada mañana, y tras desayunar, me daba cuenta de que nunca sería capaz de volar, que sólo soñando lo conseguiría. Lo que me tranquilizaba.

Decidí hacer algo, subí al rascacielos más alto de la ciudad, aquel que tenía una pared blanca grandísima, y en ella, con pintura negra para letras grandes, escribí: Desde aquí sí se puede volar.

Nadie lo intentó jamás, tampoco hubiese – de todas formas – volado por esa vez.

“La vez que soñé con más fuerza fue hace muchos años, recuerdo que estaba en una playa, el día era claro, hacía calor. Estaba sobre la orilla volando, flotaba en el aire sin problemas, volaba como una golondrina si quería, planeaba como una gaviota, era fácil volar, había llegado al máximo nivel, lo sentía, sentía que podría volar a cualquier lugar. Pensé entonces que me gustaría visitar el mundo volando, llegar a São Paulo o a las playas de Brasil. Pero me di cuenta de que no sabría por donde empezar, tenía que ver el mundo- el mapa – desde arriba, no sabía si más alla del mar era el este o el sur, el oeste o el norte, tenía que consultar un mapa – el mundo -.

Pensé que siendo el mejor volador de esa playa controlaría de tal forma mi vuelo que podría llegar a cualquier punto, y que ese mapa que buscaba se encontraba arriba. El globo, la Tierra, ese era el mapa que necesitaba, desde allí podria situar mi playa, ambas costas. Empezé a ascender, con mucha velocidad – mucha -, cruzé casi todas las nubes y sentí que me quedaba sin aire, no estaba preparado para ello. Era la primera vez que alguien intentaba salir de la Tierra volando, quizás era cierto que el oxigeno allí faltaba, que no se podía respirar, pero seguí, y empezaron a sonar sirenas de emergencia”.

Se había escapado, alguien había escapado de la Tierra y quería consultar el mapa para viajar desde arriba.

Recuerdo que durante dos segundos conseguí ver el mapa de la Tierra, era ella. Y morí en el Cielo.

Me desperté, no quería, quería seguir allí. Había volado como nunca.

Y nunca más volví a soñar con volar, había llegado al máximo posible de la Tierra. A verla sin vivir.

La próxima etapa – dice el experto número tres Michel Houllebecq – será volar hacia otros planetas, hacer cruceros individuales en medio de la nada. Hasta entonces la Escuela de Vuelo seguirá abierta, y cerrará – dicen los profesores – cuando no sea necesaria más, cuando se haya aprendido a poblar el cielo para consultar los mapas sin papel ni territorio.

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2 risposte a Volar o la Escuela de Vuelo

  1. elredactorjefe ha detto:

    esto me suena

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