La Ola de Eurovillas. Parte 2

La Ola de Eurovillas. Parte 2

– El descubrimiento del lugar donde nació la Ola

– Eurovillas, al este de Madrid

Eurovillas. El lugar esencial para entender la Ola, el lugar clave para entender a los 3 integrantes de este nuevo movimiento. Sí, lo tenía claro, para poder escribir bien sobre el movimiento y entenderlo – al menos en parte – tenía que viajar y vivir allí por un breve periodo de tiempo.

Hablé con Jesús – fue el único que se encontraba en España en el momento –  y me dijo que el mejor momento para estar en Eurovillas era el verano, le creí y no confronté la información con Israel o Armando porque me venía bien pasar allí 3 meses de vacaciones tras trabajar en el periódico de la capital.

Llegué a Eurovillas el primer día de julio con el autobús de la línea 261. Fue una especie de obligación tras escribir a Armando e Israel por correo electrónico que pensaba pasar allí 3 meses. Me dijeron que era esencial llegar a Eurovillas en autobús, en el 261, en el bule lo llamaban ellos. Pregunté por el origen y me dijeron que no lo sabían exactamente, que tenía cierta relación con el bulevar del San Sebastián vasco y una antigua relación de Israel con una chica del norte.

El viaje duró una hora y media, se partía desde el este de Madrid, exactamente desde Avénida de América. Era un autobús cómodo que recorría varios pueblos del este y llegaba a Eurovillas tras pasar por varios campos de trigo u olivos, de cebada o cereales varios, un auténtico viaje del que prometo el cuarto artículo de esta serie dedicada a la Ola, ese movimiento que sigue siendo tan desconocido como siempre.

Me alojé en una chalet grande de la Calle Quintanar. Muchos arboles y un jardín descuidado, el agujero para la piscina que nunca se terminó de hacer y una caseta para cualquier perro construida con madera.

El consejo de Jesús era que saliese a pasear, a hablar con la gente, a partir de las 8 de la tarde y que extendiese mi vida hasta la una o las dos de la noche, que cenase después de las 10 y que durmiese hasta las 10 u 11 de la mañana. Que te jodan pensé, no quiero vivir exactamente tu Eurovillas, así que salí a dar una vuelta a las 7 de la tarde. Hacía mucho calor, las calles eran largas y la mayoría eran enormes rectas que confluían en otras calles igual de rectas, y caminé en paralelo y en vertical, observando los nombres de las calles. Fue lo primero que pensé, que los 3 de la Ola vivían en un lugar donde el mapa no era necesario, pues todas las calles seguían un orden alfabético, la primera era la Atenas y luego la Bruselas, al final se llegaba a la Calle York y a la Calle Zamora y Zaragoza. Pensé en la infancia de las personas de Eurovillas, no hacía falta que sus padres les llevasen a las casas de sus amigos, no hacía falta ningún mapa para saber donde estaba cada calle, simplemente con saber el abecedario se podía llegar de la Kiel a la Versalles calculando la ruta mientras se hacía la misma. Para llegar de la Calle 3 a la Calle 11 era igual, se debía contar y se veía a ese amigo o al que te vendía la mesa de ping-pong de segunda mano, al que te arreglaba el coche, al que te lo vendía o al que te regalaba un gato o un perro pequeño, era así.

Respecto a Eurovillas se podría escribir mucho más, pero el espacio se me acaba – me quedan 200 palabras para enviar a la redacción –  y me gustaría acabar con la sensación de la noche y el calor.

A partir de las 9 de la tarde la temperatura en Eurovillas es perfecta, es la propicia para andar, para correr, para entrar en ese campo que está a dos pasos de cada casa. Pienso que esto hizo a la Ola, ese deseo de estar fuera, de no estar dentro, de cenar bajo el cielo el marisco que cada martes llegaba a primera hora de la mañana desde el mar, de concebir ese dentro sólo para el cine o la música, o para leer o hablar entre ellos en el garaje de la casa de Israel, que visité totalmente destruida y a la que entré en ruinas, como observé que hacían los niños en las casas en construcción, miraban a los lados y atrás y al no ser vistos saltaban en silencio y comenzaban a jugar.

También la pasión por Europa que se siente en la obra de Israel estoy seguro que viene del deseo de saber donde estaba cada nombre de las calles que veía cuando era pequeño, descubrir Kiel, Utrecht, Ulster, que sé yo, Luxemburgo, varias. O la pasión de Armando por los Estados Unidos y su cine, Eurovillas es un poco como esas urbanizaciones de las películas, donde los chicos y chicas se besan en los parques, otros viajan en bicicleta o monopatín, donde se escuchan los chapuzones en las piscinas y los hombres cortan las arizónicas con las tijeras. Donde se hacen barbacoas porque los de fuera vienen los fines de semana y aparcan los coches en las calles sin aceras.

Dónde en definitiva vivieron los de la Ola.

Annunci
Questa voce è stata pubblicata in Uncategorized. Contrassegna il permalink.

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione / Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione / Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione / Modifica )

Google+ photo

Stai commentando usando il tuo account Google+. Chiudi sessione / Modifica )

Connessione a %s...