8 de septiembre

8 de septiembre

Es bonito silbar el himno de tu país en el extranjero, nadie lo entiende. Y si pasa algún español por esa calle como mínimo quizás te mire, sonría, se agache o ignore aquello que silbas.

Pero silbar en este caso el himno de Italia es diferente, yo por si acaso lo hago siempre cuando cruzo el pasadizo bajo el tren para llegar al centro de la ciudad. Lo silbo y los italianos me observan sin miedo.

Entré en el pasadizo con veinte segundos de himno silbado, al fondo escuchaba por primera vez algo de música, continúe sin miedo, sólo para provocar. Era un hombre con un teclado el que hacía aquella música que poco tenía que ver con mi himno adoptado desde hace pocos días. Subí las escaleras y el hombre se detuvo para dejar de hacer música pues yo seguía silbando, silencio, expresó con el dedo índice en la boca, se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó su pasaporte, mira, me hizo ver, soy búlgaro, de Burgas no, más al centro, más al oeste, y hoy es mi cumpleaños, es 9 de septiembre, hizo seña de dinero y me tranquilicé, no era el himno, era su cumpleaños.

Me despedí de él dándole un pequeño euro, al fin y al cabo el 8 de septiembre había sido el cumpleaños de mi madre y no había podido regalarle nada.

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