3 – 3.

3 – 3. Gana aquel que llegue a 11

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Tres metros, tienes que saltar tres metros. El niño estaba subido a la muralla que rodeaba todo el pueblo.

Había subido allí para atrapar un gato, pero el gato había escapado y ahora tenía que saltar.

Se ha roto el brazo, al final se lo ha roto, llévalo a la casa del médico, allí lo solucionarán, deprisa.

Tranquilo, te dolerá durante un instante, pero estarás bien.

En el periódico provincial extremeño de 1960 se informaba de que un tigre había escapado, advirtiendo del peligro sobre todo a los niños.

Presas fáciles sois, les decían los padres, y estos asustados no se alejaban de casa. Jugaban a hacer carreras con piedras en forma de moto o coche, jugaban a dispararse con las manos como en las películas, a perseguir gatos que se subían a la muralla pero que nunca atrapaban.

El que más dinero tenía del pueblo tenía también un cepillo de dientes y todos los niños miraban a ver si podían verlo con él en la boca.

Por la noche dormía con sus tres hermanos en la misma cama, pero a veces eran sólo tres, el mayor había salido a cuidar las ovejas propias o el rebaño de otros y no dormía en casa. Aun así el frío no pasaba con las bolsas de agua caliente colocadas a los pies. Pero dormían sin soñar tras escuchar a su madre cantar en voz baja canciones antiguas.

Al amanecer era domingo y se acercaron a la iglesia. Tan llena de gente en invierno que escucharon la misa desde fuera en pie. Sentía miedo del Infierno y quería volver a jugar con la pelota en la pared.

El día siguiente lo recuerda de manera especial, a la mañana le quitaron el primer diente en la casa del dentista. Tranquilo, te dolerá, pero luego estarás bien, aquí tienes un vaso de agua para enjuagarte al salir y un helado de nata para después.

A la noche prepararon para cenar una oveja cuya carne cocinada olía mal, mamá decía que no, que no estaba bien esa carne, que olía a veneno, pero el padre insistía en comer, murió la oveja hoy a la tarde, es buena, tranquilos, está bien, dijo. Pero mamá se levantó, cogió los platos de los cinco y se los llevó a la cocina.

Papá nunca me dijo si su padre comió aquella carne, no lo recuerda, me dice, pero seguramente no.

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