Las peleas de Eurovillas en verano

Cesare Pavese llamó a su perro Belbo porque su pueblo se llamaba Santo Stefano Belbo. Joder, yo a mi perra no puedo llamarla Eurovillas ( mi urbanización ) porque Belbo suena bonito para un perro y Eurovillas suena feo para una perra. Por eso mis padres a mi perra la llamaron Sabina, de Joaquín Sabina. Pero mi perra no es mía, es del Mundo, yo solo paseo con ella buscando pelea.

Las peleas

de Eurovillas

en verano

“Me encanta pelearme contigo en cualquier supermercado comprando fruta”.

En Brasil en español.

En Italia en español.

Así nadie nos entiende, así parecemos mentira”

Íbamos a pelear con los jabalís las noches de verano que había luna llena. Entonces se podía ver bien, el suelo era nítido y desde el acantilado éramos capaces de ver el valle y las colinas. Yo salía con mi perra negra pequeña desde casa a las once de la noche, después de cenar. Llevaba algo de comer por si se alargaba la noche, fruta sobre todo, trozos de sandía en una caja cerrada o frutos secos a romper con las manos. La sandía la comería a bocados. El agua de la fruta bastaba.

Nos defenderíamos con un palo.

Mi perra olía, la luna dejaba ver, me advertía: está cerca el jabalí, atención. Me ladraba bajito, sin hacer apenas ruido. El jabalí comenzaba a gruñir y yo lo escuchaba venir, se acercaba, nos veíamos todos. El jabalí quería pelear con mi perra, ella quería que peleásemos juntos ella y yo, yo quería que todos sintiésemos que íbamos a pelear. Comenzábamos a pelear.

El jabalí sabía que no podía pelear conmigo porque yo tenía un palo y él perdería, mi perra sabía que ella no podía pelear con el jabalí sola pues perdería, yo sabía que quería que la pelea se alargase toda la noche, sentir hambre, comerme la sandía y escupir las pipitas en el suelo. Mantener al jabalí toda la noche allí, esperando. Darle a mi perra el rojo encarnado casi verde del final. Darle a mi perra almendras, darle a mi perra nueces. Sentir la tierra seca del verano, las encinas.

Nunca me preocupó que fuesen los jabalís mayoría, seis contra dos y un palo de madera del árbol caído hace años. Me gustaba la idea de morir devorado por un jabalí de Eurovillas, de esos que huelen la sangre y van hacia ella. A los que se les espera para matarlos en las noches de espera. Mi perra me protegería hasta la muerte, ella era pequeña, tampoco podría hacer mucho, quizás enfrentarse a cierto jabato, porque era inteligente y siempre recordaría el camino de vuelta a casa.

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