La estética del insulto pelo-polla

Cuando era más joven seguía teniendo el pelo rizado, algo que en cualquier instituto de lengua española suponía que te insultasen al salir de clase si pertenecías a los débiles del lugar. Me llamaban pelo-polla porque mis rizos se parecían al pelo púbico de los chicos y las chicas.

( El insulto pelo-polla sólo existe en español porque pelo y polla juntos suenan muy bien: ambas palabras inician con la pe, ambas tienen las vocales bien situadas y las eles juegan entre ellas. Es un insulto perfecto sin lugar a dudas. Da igual los muertos que genere. Se debe continuar haciendo, pues las personas sirven para esto. )

A menudo los fuertes del lugar me quemaban el pelo en el autobús de vuelta a casa, yo no me daba cuenta hasta que ardía y empezaba a oler extraño, ya tarde, no me quedaba más que apagarlo con la mano cerrada.

( En otros países las personas también tiene el pelo rizado, pero no importa, porque la traducción de pelo o polla no produce un bonito juego. )

Por eso me cortaba el pelo yo mismo con unas tijeras rojas y nunca iba a la peluquería, para que nadie descubriese que los otros me quemaban el pelo con sus mecheros de colores.

( Por ello se recomienda a los africanos y africanas de piel negra que no vayan a España o a cualquier otro país donde se hable en español al salir de clase. )

Baila morena con los ojos marrones o negros.

( Pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla pelo polla. )

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Die.129

129 DIE IN JET fue el titular del periódico New York Mirror tras un accidente de avión. Con el tiempo se descubrió que murieron más o menos personas, pero la rima in inglés de One Hundred Twenty Nine Die ( … Tuenti Nain Dai … ) era arte y deba igual la cantidad de muertos presentes.

Andy Warhol hizo más tarde con ello una obra de arte.

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Robo perfecto en un campo de amapolas

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Mamá, te escribo esta historia porque es verdad. Gracias a ti fui a Venecia en el Carnaval – querías que hiciera unas fotografías – y viví esta bonita historia que se hizo historia porque conseguí sobrevivir a ella.

Los personajes de la historia que te voy a escribir están en las tres únicas fotografías que tuve tiempo de hacer antes de que me viese envuelto en algo demasiado extraño como para ser todavía hoy capaz de entenderlo. Quizás tú lo consigas, pues siempre te gustaron mucho las novelas policiacas, sobre todo aquellas escritas por mujeres y con mujeres protagonistas. Suerte.

En la primera fotografía aparece Boris, el amigo búlgaro con el que fui a Venecia. Él vino conmigo porque 49 búlgaros amigos suyos venían desde Sofía a Venecia para darle un paquete, luego continuarían hasta Paris, donde – según Boris – darían un espectáculo de baile. Los tres personajes disfrazados más tarde averiguaría quienes eran. Espera.

En la segunda fotografía puedes ver a tres chicas y a una mujer asiática. La japonesa no es importante en esta historia, olvídala, fíjate en las otras. Estas chicas eran estadounidenses, dos de ellas de Boston y otra de Nueva York. Nos dijeron que estaban en Venecia esperando a unos amigos canadienses. Atenta a los detalles. El bolso azul y la botella de agua.

En la última fotografía puedes ver a un grupo de periodistas fotografiando a dos personajes esenciales del Carnaval y de esta historia. Observa. Entre ellos no se ponen de acuerdo, cada uno se deja fotografiar por separado, uno mira a la derecha y otro a la izquierda. Presta atención.

Después de comer con Boris varios bocadillos, de visitar el estadio de fútbol del equipo de la ciudad con las estadounidenses, de tomar un café con leche con los periodistas e ir al servicio a lavarme las manos, me encontré con un chico que tuvo el valor de confesarme que en aquel mismo momento se estaba produciendo uno de los robos perfectos que cada año se realizaban en las plantaciones de amapolas opiáceas de la empresa farmacéutica Bayer en el sur de España.

Mamá. ¿ Lo entiendes ahora ?

Todo encajaba. La emoción se había desvanecido con la solución. Lo mejor era dejar que la imaginación volase por encima y que se quedase allí sin final, sin final jamás.

Era como los libros que siempre leías tú primero y luego yo, doscientas páginas cavilando nosotros sobre los motivos de todo aquello y el final no era para tanto, como decíamos mientras se preparaba el café en la cocina. Con hielo en verano. Tomando el sol. En la playa tomando el sol. Viendo el mar en el Vizcaya. Con la abuela después de comer. Viendo las películas de serie B con Adela. El pequeño universo humano de tu colegio, que más que un libro parecía una novela. Cuando estabas triste en la cocina y hablábamos en el salón porque dormía Neko o Ichi o Gaia o el Pitufo. Cuando me contastes por qué te enamoraste de papá.

O de cuando granizaba tanto que no se veía nada, y tuviste que parar el coche para abrir las puertas, hacer que la niebla entrase en el coche y poder salir así nosotros fuera para poder ver el sol entre los campos de girasoles que nos llevaban de vuelta a la que fue a tu casa.

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Nietzsche bien escrito …

Nietzsche bien escrito

murió abrazado a un caballo en Venecia

gracias a Sonia Juara

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Mi padre siempre hablaba de un tal Nietzsche, pero nunca sabía cómo escribirlo.

En el último curso del instituto una compañera de clase que se llamaba Sonia Juara me enseñó una técnica nemotécnica esencial: Nietzsche era para ella en realidad el Tazas. TaZaS. Sería definitivamente así – pues aproveché para aplicar la regla a todos los filósofos estudiados ese año con el profesor Rodrigo – : Platón fue el Plato, Santo Tomas de Aquino el Tomi, Kant el Canto, Nietzsche el Tazas y Ortega y Gasset el Ortega.

Sonia Juara era también la hija de los dueños de la cafetería del instituto. De lo que sus padres vendían a la hora del recreo recuerdo el bocadillo de tortilla de patatas y el de salchichas con kétchup. A mí me gustaba mucho más el primero, el segundo sólo lo pedía a veces para aparentar modernidad. También vendían patatas fritas con un palito de madera para no mancharse los dedos de rojo.

Sonia Juara estaba entonces enamorada de un nombre que recuerdo como Francisco Haro, me lo confesó en cuclillas ella y yo sentado en la mesa de una clase del segundo piso. Pensaba que ella me quería a mí, era pelirroja y todavía la publicidad seguía haciendo un buen efecto. Sin embargo, quería al alto de Francisco, un buen chico.

Hoy tengo un serio problema con la Publicidad.

Sarà Toniolli también me confesó – en una cafetería – que había leído a Nietzsche en español cuando estaba en Shanghái. Era El Anticristo y la publicidad cada vez me hacía más daño, yo que siempre me había considerado un buen hijo bastardo de Occidente.

Sarà Toniolli entonces me habló de los submundos universitarios de Venecia y de los enfrentamientos a cielo abierto que cada jueves se producían en la ciudad. Hay tres bandos divididos por las tres universidades venecianas, me decía, los comerciantes, los artistas y los arquitectos. Los primeros van a los bares y beben cervezas enfriadas y guardadas en el mar, los segundos llenan la ciudad de noche de colores las noches de luna llena, los terceros entran en las casas vacías para hacer fiestas entre dos o tres. Cada uno de ellos defendía en cada golpe al otro una visión de la Humanidad, de la Vida, de la Bendición del Amor, el Sexo o la Fama. Sólo querían no morir.

Se peleaban en los campos centrales o periféricos de Venecia, se destruían y acababan felices en los canales desfallecidos. Los más violentos se unían para hacer parte del grupo ultra del equipo de fútbol de la ciudad, el Unione Venezia. Odiaban a los del Venezia Mestre. Eran el mar y laS islas, los de Mestre eran la tierra, los coches, las bicicletas y los autobuses.

Yo, es cierto, debía de haber intuido que esta última chica era italiana porque en media hora se tomó dos cafés cortos de leche. Primero la espuma y luego en pocos minutos el resto. Yo debería de haberlo intuido, pero me decía que los que llevaban mucho tiempo en Venecia se orientaban ya mentalmente, que sabían volver a casa por el camino más corto sin la necesidad de hacer el más largo.

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Me gustas tú, déjame en paz publicidad

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“ y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.”

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Éramos yo, español, cuyos ascendentes venían de Francia y Marruecos, mi tatatatatatarabuelo en 1655 era negro y mi otra tatatarabuela en 1792 era francesa. Estaba Borislav ( Boris ), búlgaro, quien recordaba como sus padres lo pasaron mal bajo el régimen comunista que cayó en los años 90. Otro más era Eko, indonesio, cuyo nombre en su idioma hace referencia al primer hijo que nace. Estaba también Leandro, argentino que había perdido su acento por otro. Gabriele, italiano, que nos quería cambiar e hizo que pensásemos en que había que salir de allí y de aquella conversación con una solución.

Cenábamos arroz con verduras un poco crudas, de postre una tarta de chocolate, no sé si bebíamos cerveza o vino, pero yo siempre repetía con un vaso de agua. Los vasos de plástico y un espejo al lado derecho.

Conclusión

Soy capaz de pensar en todas las generaciones pasadas, en ser sus ojos y su pensamiento en el tiempo que me toque vivir. Soy capaz de ser el testigo de todos aquellos que vivieron y murieron preguntándose si triunfarían ciertos modelos humanos, filosóficos, sexuales, artísticos o políticos.

Sólo quiero que dentro de muchos años otra persona como yo me preste sus ojos y su pensamiento para ver y saber si gané.

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jesus

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Fotografía – mito / generacional

Un perro abrigado por el ser humano

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  1.          El ser humano ha superado al animal. Se ha impuesto sobre él. Lo abriga por preocupación.

El animal está triste, lo sé yo que no abrigo a los animales que he poseído.

2.         Pero el perro de la fotografía está triste, lo sé yo que los conozco bien. Lo sé porque él busca el sol en la parte abrigada y la sombra en la cabeza sin sombrero.

Es también verdad que existen excelentes comidas para perros.

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Ventimiglia – Menton

El final del mar italofrancés

(Ventimiglia – Menton)

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Estoy cansado de viajar, la vida es aburrida. Viajarán otros por mí, me concentro en el sueño. Sólo quiero volar frente al mar.

“En el pasado he amado a una chica joven distraída que comía avellanas. En la parada del autobús la he dejado”.

Fabrizio Chiesura.

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Fancesca Margherita italofrancesa y su mejor amiga Lula italiana soñaron juntas que volaban. Dicen que se coordinaban ambas tumbadas en la arena de la playa hablando en italiano. Que la chica italofrancesa tenía miedo a levantarse del suelo mientras que la italiana la animaba a hacerlo. Pensaba Francesca M. que se le enfriarían los pies al volar, al menos los suyos, pues los de Lula no podía sentirlos.

Volaron casi sin ropa y mucho menos sin zapatillas porque cada uno vuela a su manera.

Volaron sobre el Mar Ligure que separa ambos países francés e italiano. Entre Ventimiglia o Vintimille y Menton o Mentone.

 Entre Francia e Italia. Basta.

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Όλυμπος

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Γιατί το μοναχό δεντρί
ποτέ καρπό δεν κάνει
Γιατί το δέρνει η μοναξά
παράπονο το πιάνει.
Σαν είναι δυό δεντρά μαζί
ως κι’αν τα δέρνει η μπόρα
φιλιούνται κι αγκαλιάζονται
χίλιες φορές την ώρα

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